+ Claro, dime.
- ¿Si le pasase algo.. vas a estar a mi lado?
+ El primero, le dije, con toda seguridad.
Han pasado varios meses desde aquella promesa, la cual se hizo en aquella época del año en la que los días son más largos y las noches más cortas (o bueno, depende de cada uno). Lo que sí que es verídico es que hacía mucho, mucho calor.
Han pasado varios meses pero esa promesa sigue en pie. Y seguirá. Hasta el final.
Siempre tiene la inevitable manía de darme las gracias y yo insisto en que se las guarde.
En todo caso, las gracias se las tendría que dar yo a Ella.
¿Por qué? La respuesta en sencilla: el simple hecho de hacerme feliz.
Por estar a mi lado y poder ser yo mismo en cada momento.
Por estar a mi lado y poder ser yo mismo en cada momento.
Ver esa cara de: '¿qué haces aquí?' al parecer por sorpresa en la salida de su colegio y acto seguido comerme con un beso celebrando su nota en Matemáticas.
Escuchar cualquier canción e imaginarla en un escenario haciéndola suya, poniéndome los pelos de punta.
Hacerme películas en mi cabeza, pero películas de esas de final feliz.
Ser capaz de sacarle carcajadas y ataques de risa incluso en sus peores momentos.
Por no querer salir de aquí.
Por volver a verla otra vez y que se entere el mundo que no importa nada más.
Por compartir un viaje juntos.
Por no querer salir de aquí.
Por volver a verla otra vez y que se entere el mundo que no importa nada más.
Por compartir un viaje juntos.
Gracias. Por todo eso.
Por brindarme la oportunidad de ser parte de ti.
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