lunes, 13 de enero de 2014

Un sueño hecho realidad.

Me recogieron como de costumbre, pero esta vez venía Ella, a mi lado, acompañándome en el coche. La dejamos en casa y se despidió con un 'adiós guapo', acompañado de un sutil y aún más tímido y ligero beso por si nos veían mis padres, como si de un travieso juego de niños se tratara. Siempre se pone nerviosa ante ese tipo de situaciones. Subí de nuevo al coche y me quedé observándola hasta que entró en su portón, como siempre. -'Adiós cariño', pensé, para dentro.

Ya de camino a casa de mi abuela, cerré los ojos y vi toda la tarde pasar en un segundo. Un día más junto a Ella, tan distinto como siempre. Ninguno es igual. Podremos ir mil veces al mismo sitio, pero esas mil las hacemos completamente diferentes. Pensé en todo, cada coincidencia, cada detalle, cada sonrisa, cada beso, cada segundo a su lado.

Bastó con llegar a casa de mi abuela y escribir estas palabras, que me pedían a gritos salir de mi interior; llenas de sinceridad, al escuchar una música preciosa de una telenovela que se oía ligeramente de fondo en la TV del salón. Bastó esa insignificante y modesta melodía para sacar de dentro todo lo que tenía guardado. Como bien le dije unos minutos atrás: 'tengo ganas de escribirte una historia'. El caso es que no sabía ni cómo ni por dónde empezar, pero llevaba un largo tiempo queriendo expresarlo de alguna manera. Expresar, todo mi sentimiento hacia Ella, pero eso supondría ocupar todas las páginas de todos los libros del planeta, y más. Porque mi amor por Ella es infinito. Yo también lo he conseguido, desperté del sueño en el cual siempre había estado navegando, atrapado, esperando a encontrar a esa mujer 'perfecta' que me hiciese sentir lo que nunca antes nadie. Esa mujer, que nunca pensé que llegaría y lo único que pido ahora es que no se vaya. Un sueño hecho realidad. Abrí los ojos y me di cuenta que era mía, aún me cuesta creerlo. No sé de qué planeta viene. Esa mujer. Ella.

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